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África (II): Kenia

12 Jul

Una gran parte de mi vida ha estado ligada al café, no sólo porque sea una consumidora habitual (en un grado próximo a la adicción, muy a mi pesar), sino por la gran cantidad de amigos, conversaciones, amores, trabajo, compañeros y emociones que he vivido en torno a ese otro oro negro.

Aún recuerdo la cola para la entrevista en el Caffe Nero de Londres, la formación en el “trainning centre”, mi primer equipo de trabajo… Flavio tarareando la canción del “Italiano vero”, Manuel con su “May can I help to someone else?”, Daniboy escaqueándose para ver el mundial de fútbol, Arran limpiando neveras, Leo persiguiendo a hombres y mujeres por igual, Mónica en Tottenham y Davide, Danny y Orestes (chupones incluidos) en Long Acre, Rosario pidiendo su caffe latte chiquito, la rubia del “Tiger”, la “CN party”, los peluqueros de enfrente, la extraña pareja del portal de la esquina, los coreanos estudiando inglés, la señora Doubtfire que nos traía los sandwiches y un sinfín de anécdotas más. Caffe Nero fue mi primera experiencia en el mundo del café y los primeros amores nunca se olvidan.

Después de un breve paso por Bilbao hice las maletas y me fui a Barcelona: nueva ciudad, nuevos compañeros, pero siempre, como telón de fondo, el café. Con Starbucks llegó el aprendizaje, las catas, los matices, los orígenes, las mezclas… uno de mis cafés de origen favoritos siempre fue Kenya. A los niños no les he dado café, pero el recuerdo de toda la gente que conocí a lo largo de mis cuatro años con la sirena y el Caffe Nero me ha acompañado a lo largo de esta semana.

Como diría aquél… “¡Va por ustedes!”

Un pedacito del Lago Victoria:

Mis agradecimientos a mi frutera que me donó las cajas y los cartones sobre los que se apoyan las manzanas, nos sirvieron para hacer peces y anguilas.

Máscaras:

Tienda de campaña en La Sabana:

Con detector de animales salvajes:

Y ¡collares!, atención que hay dos tipos, un modelo para niños más pequeños y otro para más mayores:

¿Patata o tomate?

13 Jun

Ayer hice un comentario en otro blog y me acordé del vídeo del paso de Jamie Oliver por los Estados Unidos.

Confío en que, al menos, mis clases sirvan para evitar esto:

Lo que aprendí en la guardería:

30 May
  1. Share everything.
  2. Play fair.
  3. Don’t hit people.
  4. Put things back where you found them.
  5. Clean up your own mess.
  6. Don’t take things that aren’t yours.
  7. Say you’re SORRY when you HURT somebody.
  8. Wash your hands before you eat.
  9. Flush.
  10. Warm cookies and cold milk are good for you.
  11. Live a balanced life – learn some and drink some and draw some and paint some and sing and dance and play and work everyday some.
  12. Take a nap every afternoon.
  13. When you go out into the world, watch out for traffic, hold hands, and stick together.
  14. Be aware of wonder. Remember the little seed in the Stryrofoam cup: The roots go down and the plant goes up and nobody really knows how or why, but we are all like that.
  15. Goldfish and hamster and white mice and even the little seed in the Styrofoam cup – they all die. So do we.
  16. And then remember the Dick-and-Jane books and the first workd you learned – the biggest word of all – LOOK.”

La noche estrellada de Van Gogh…

9 May

… reversionada:

– Ahora vamos a pintar a los niños que pasan miedo por la noche

– ¿Tú sueles tener miedo por la noche?

– No, porque estoy con mi amatxu

Me encanta este momento

4 May

Tarta de queso de Dorie Greenspan

3 May

Llevaba tiempo detrás del libro de Dorie Greenspan \”Baking from my home to yours\” Al parecer en USA es todo un movimiento y leo blogs que hacen una especie de “Club de los viernes” con recetas de la autora. Así que cuando mi hermano volvió de California trajo un ejemplar para mí en la maleta (Suerte que no implicó sobrepeso)

Con motivo del Día de la Madre pensé en preparar una tarta de queso para la mía. Es la opción de “postre” que siempre escoge en los restaurantes. El mundo de las tartas de queso es como el de la tortilla de patata, un básico que cada uno hace a su manera. Te encuentras desde la que se preparan en cuestón de minutos hasta la que, como la de Dorie, llevan unas cuantas horas entre tiempos de horneado y espera.

Finalmente, la tarta salió muy buena, y mi madre muy contenta, pero no se parece a la de la foto ni en el blanco del queso. No pretendía que me saliera perfecta a la primera, de hecho, creo que podría citar una lista de errores que he cometido en el proceso, pero el tema es que ¡la tarta de la fotografía no se parece a la que hace la propia Dorie!

Atención a la parte subrayada del libro:

Y esta es la foto:

¿Y dónde está el marrón tostadito en la parte de arriba de la tarta? Un misterio para Iker Jimenez.

Bueno, y así es como me salió a mí (ejem), de lo que no cabe duda es de que es casera, casera. Creo que el error (entre otros) ha sido que al hornear el pastel al baño María hemos sufrido un pequeño problema de inundación. Aunque a pesar de todo, sigue estando bueno.

Supongo que la realidad debería acercarse a ESTO

Dulce y salado

18 Abr

Cuando vivía en Londres, compartía piso (y habitación) en la zona de Bayswater, justo detrás del centro comercial Whiteleys. La guardería en la que trabajaba estaba en el barrio de Notting Hill, en Ladbroke Grove, así que tenía la increíble suerte de poder ir y venir del trabajo andando. Muchas veces, antes de volver a casa me gustaba darme un paseo por el barrio, así fue cómo descubrí Ottolenghi. Nunca me animé a entrar, porque generalmente iba con el uniforme manchado de pintura, mocos o el vómito de algún niño y aquél lugar invitaba a algo más especial. Dicen que cuando abandonas un lugar, siempre tienes que “dejar algo por hacer” que sea lo que te invite a volver. En el caso de Londres es visitar Ottolenghi.

Hace un par de años compré su primer libro de cocina, que es una delicia para los sentidos, puedes verlo AQUÍ

Y recientemente, leyendo la experiencia de Iban Yarza en su blog y más concretamente, viendo su intervención en Robin Food, me piqué y compré el segundo, lo puedes ver AQUÍ.

De “Plenty”, este segundo libro, he sacado la receta que os presento a continuación y que me ha servido para enseñar a los niños la diferencia entre salado y dulce y cómo un mismo ingrediente (en este caso la sandía) puede utilizarse tanto para platos salados como dulces.

Primero colocamos la sal en un plato y el azúcar en otro e intentamos diferenciarlos únicamente através de la vista:

Y preparamos nuestra ensalada a base de sandía, queso feta, albahaca y cebolla, aliñada con un chorrito de aceite de oliva y sal.

Al parecer, uno de los aspectos más interesantes en la preparación del plato es ver cómo flotan en el agua las hojas de albahaca:

Para el contraste dulce, preparamos un zumo de sandía. Simplemente pusimos en la batidora sandía, azúcar y un poquito de agua. Una bebida refrescante para los meses de verano y que a todos los niños les gustó muchísimo: